HEA: Cinder & Ella, Kelly Oram. [Capítulo 11]

TyC-Lal

NOTA: Recientemente Cinder & Ella (Kelly Oram) se publico en español por OZ Editorial, por lo que estoy prácticamente segura que esta segunda parte no tardará en hacerse publica también, una vez que esto suceda borrare estas entradas, pero por mientras ¡a leer se ha dicho!
NOTA 2: Es una simple traducción hecha por mi… así que disculpen las faltas ortográficas y de redacción.

Happily Ever After: Cinder & Ella

Capítulo 11

E  L L A M A R A

Brian apareció no mucho después de la discusión de papá y Jenifer. Me imaginaba que era suficiente tiempo para ducharse y ponerse presentable después de recibir el texto anterior de Juliette, que supuse que lo despertó. Cuando él tocó la puerta, yo puse a un lado la masa de las sopaipillas para que se levantara durante una hora y volví a la cama con el nuevo libro de papá.

Las gemelas habían tenido razón acerca de la emoción de papá sobre la copia avanzada. Fue por mucho su regalo de Navidad favorito. Todavía estaba reflexionando sobre su reacción. Se había mareado de la misma manera que yo con mis libros favoritos. Era un nuevo lado de mi padre que nunca había visto antes, y me acerco a él de una manera que nunca hubiera sentido que fuera posible. Para poder conectarme con mi padre sobre mi mayor pasión lo sentí como un regalo del cielo para nuestra débil relación.

Cuando sonó el timbre, solo tenía un par de páginas más al final del capítulo y no quería levantarme. Ana debe haber abierto la puerta, porque mi padre y Jennifer habían desaparecido en su habitación justo después de su discusión, ya sea para pelear más o para maquillarse, no quería saberlo, y Juliette había vuelto a dormirse una vez que se dio cuenta de cuánto tiempo iban a tomar las sopaipillas paar estar listas.

Brian entró a mi habitación justo cuando pasaba a la última página del capítulo. Inmediatamente se acostó en mi cama, acurrucándose a mi lado como si le gustara la idea de volver a dormirse. Sacando el libro de mis manos, lo volteó hacia atrás y escaneó el resumen. “Asesinos en serie, ¿eh? Eso es nuevo.

Asenti.

-Aparentemente, Janice Bishop es la favorita de mi papá.

-Janice Bishop … ese nombre suena familiar.

Retiré el libro y alcancé a Brian para colocarlo sobre la mesita de noche. Él me tomó en sus brazos cuando traté de recostarme y tirar de él contra su pecho. Estuve felizmente acurrucada.

Ella es bastante importante en el género de suspenso y crimen –le expliqué– Tiene varios libros convertidos en películas. Papa dijo que están filmando otro en este momento. ¿Asesinato en Motown?

Los ojos de Brian se iluminaron con reconocimiento.

-Oh, sí, sí, sí. Mi amigo Rhett está trabajando en eso. Dijo que es un buen guión.

-¿Tu amigo Rhett? –Preguntó Ana, apareciendo en la puerta de mi habitación– Como… ¿Rhett Kessler? –Cubrió un bostezo y se dejó caer en la silla de mi escritorio– Él está caliente. Si no me vas a conectar con Logan Lerman, Rhett Kessler sería una alternativa aceptable.

Brian se rió, pero yo todavía estaba atrapada en el hecho de que Ana estaba eligiendo pasar el rato con nosotros, y que Juliette ni siquiera estaba presente. ¿Qué estaba pasando aquí? No es que me estuviera quejando, pero fue como si finalmente hubiera liberado cualquier resentimiento que hubiera tenido por mí desde el momento en que supo que yo existía.

Eso, o ella estaba realmente aburrida porque eran las vacaciones, y estaba atrapada en casa con la familia. Fue a pasar el rato con nosotros o ver A Christmas Story o maratones de James Bond.

-Te lo dije, no conozco a Logan –dijo Brian– Podría contactarte con Rhett, pero tu padre probablemente me mataría por ello, ya que tiene veinticinco años y tu diecisiete.

Ana frunció el ceño mientras giraba de lado a lado en mi silla de escritorio.

-Bueno, ¿de qué eres tan bueno, entonces?

Brian se rió de nuevo.

-Te diré que. Si tus padres lo aceptan, tú y Jules pueden venir con Ella y conmigo a la fiesta de fin de año de mi agencia. Por lo general, es enorme. De esa forma, puedes mirar a las bellezas como quieras, puedo vigilarte y tu padre no me mata.

Ana se puso rígida y entrecerró los ojos en Brian.

-¿En serio?

-Por supuesto. ¿Por qué no? Ella probablemente apreciaría la compañía.

No sabía cuánto apreciaría la compañía de Ana, pero si seguía siendo tan tolerable como lo había sido en los dos últimos días, no sería tan malo, y definitivamente me gustaría tener a Juliette allí.

-En serio, tus padres deberían estar de acuerdo, y tu padre básicamente me odia, mi estilo de vida y prácticamente todo lo que represento, por lo que probablemente sea difícil de vender.

Ana se mordió el labio inferior mientras consideraba esto.

-Mamá será muy fácil, sin embargo. Comenzaré con ella y podremos trabajar con él juntas. Estoy seguro de que ella ayudará. Deberías haberla visto estafar a papá en tu nombre esta mañana.

Brian se sacudió con sorpresa y me buscó una respuesta.

-Fue lo de siempre –dije– Papá estaba siendo juicioso, testarudo e irracional. Él piensa que soy solo un nuevo juguete brillante para ti, y tan pronto como pierda mi atractivo, volverás a todas tus mujeres, dejándome con nada más que una larga vida de dolor y consecuencias permanentes.

Brian suspiró.

-Ella, no importa. Incluso si nunca lo consigue, tú y yo sabemos que eso no es lo que es.

-Lo sé.

Me acurruqué contra él un poco más. No es que pudiera acercarme más de lo que ya estaba, pero me gustaba sentirme cómoda en su pecho una y otra vez. Era perfecto para acurrucarse contra él.

-No estallé en lágrimas esta vez cuando me llamó un error del que se arrepintió durante los últimos veinte años. Ni siquiera me molesté en discutir con él o decirle que había herido mis sentimientos. No hay punto. Creo que es por eso que Jennifer lo tomo tan mal.

Ana se rió.

-Creo que está harta de sus lloriqueos. Todos nos estamos cansando de eso. Él solo está siendo terco. Papá nunca puede admitirlo cuando está equivocado, pero está equivocado acerca de ti.

Brian y yo estábamos estupefactos por el cumplido de Ana con él. Luego sonrió y dijo:

-No sé cuál es su problema. Es obvio para el resto de nosotros que Ella te tiene completamente azotado de por vida.

Después de un latido de sorpresa, Brian se rió.

-Eso es muy cierto –admitió con un triste movimiento de cabeza– La mujer ha destruido por completo la reputación de chico malo que trabajé tan duro para construir. –Me apretó contra él y me besó en la sien.– Muchas gracias, Ella.

El timbre de la puerta principal sonó, deteniendo nuestra conversación antes de que pudiera obtener una buena respuesta sarcástica. Ana y yo nos miramos con el ceño fruncido.

-¿Iba a venir Jason? –Le pregunté.

Ella sacudió su cabeza.

-¿Vivian y sus padres?

-No. No es que hubiéramos planeado.

-¿Familia? –Preguntó Brian con curiosidad.

Ana y yo negamos con la cabeza.

-Los abuelos y la familia de nuestro tío se quedaron en el norte. No bajarán hasta las vacaciones de primavera. No tenemos otra familia en el sur de California.

-¿Quién se presentaría el día de Navidad sin llamar? –Preguntó Ana.

Al otro lado de la casa vacía, escuchamos la voz profunda de papá responder el intercomunicador. ‘¿Hola?’

-Tengo una entrega para Ellamara Rodríguez.

-¿En Navidad? -Preguntó Ana, expresando mis pensamientos exactos.

Traté de recordar si tenía libros de un editor o algo así, pero esos no vendrían en Navidad. Mi estómago revoloteó de excitación y ansiedad, principalmente ansiedad, cuando Brian se bajó de la cama y me ayudó a levantarme. Él no había traído un regalo de Navidad con él que yo habiese notado, y no había hablado de nada más que cuánto me gustaría mi regalo toda la semana. Él no es alguien para pensar en pequeño. Si era algo que tenía que ser entregado especialmente el día de Navidad, las posibilidades eran infinitas.

-¿Qué hiciste?

Parecía genuinamente sorprendido por la acusación.

-¿Yo? No hice esto. –Él sonrió– Si estuviéramos en la casa de Scott, esa sería una historia diferente. Pero dejé tu regalo en casa porque estuviste tan estresada por el intercambio de regalos, pensé que esperaría hasta que estuvieras lista.

Eso fue increíblemente dulce de su parte. Si no me volviera loco con curiosidad en este momento, lo besaría por ser tan atento y comprensivo. En cambio, entrelacé mi mano con la suya y me dirigí a la puerta de entrada.

-Bueno, si no lo hiciste, ¿qué podría ser?

Juliette y Jennifer también estaban despiertas, y todos seguimos a papá afuera después de que abriera la puerta del repartidor, igualmente curiosos por mi inesperada llegada.

El camión que se detuvo en el camino de entrada fue un SUV oscuro con un trabajo de pintura personalizado que publicitaba veinticuatro / siete servicios de mensajería. Cuando llegué al vehículo, el repartidor había descargado seis cajas de su baúl, y parecía que tenía al menos muchas más por recorrer.

El repartidor era un hombre fuerte, probablemente cerca de los cuarenta años. Cuando me vio, su rostro se iluminó con reconocimiento, y me dio una sonrisa amistosa. Puso la caja en sus brazos junto al resto de la pila en el camino de entrada y sacó un portapapeles del asiento delantero de su auto.

-Señorita Rodríguez, ¿si pudiera conseguir su firma?

-Sí, claro. –Cogí el bolígrafo que me ofrecieron y garabateé mi nombre en una línea en la parte inferior de un albarán de entrega– ¿Que es todo esto?

El hombre tomó el portapapeles y arrancó una copia del sobre de entrega. Cuando me lo devolvió, había un ligero rubor en sus mejillas. Miró rápidamente a Brian y luego aclaró su garganta.

-Es, eh, de esa tienda de lencería. El … uh … una de tu video.

-¿Es qué? –Me piqué. Vi que el tipo descargaba otra caja del maletero de su auto. Tenía que haber más de una docena en total– ¿Por qué está aquí? ¿Quién me enviaría esto?

El repartidor dejó la caja y se encogió de hombros con gesto de disculpa.

-Lo siento. Me pagaron para recogerlo en la tienda y traerlo aquí. No sé los detalles.

Mi padre se puso de pie a mi lado, mirando hacia las cajas como si pudiera asustarlas.

-¿La tienda los envió a ella?

El hombre asintió mientras buscaba en su baúl la última caja.

-Sí. No era un tercero privado. Al menos, no lo creo. La compañía pagó la cuenta por la entrega. Ah, y ellos querían que diera esto también… –Cogió un sobre rojo del tamaño de una tarjeta de Navidad del asiento delantero y me lo entregó con una sonrisa– Me parece que es un regalo de Navidad. Normalmente no trabajo en vacaciones, pero el gerente de la tienda me llamó anoche y me ofreció el triple de mi tarifa normal si lo entregaba hoy.

Solté un largo gemido, frotando una mano sobre mi cara llameante. ¿La tienda de lencería me estaba enviando Regalos de Navidad ahora? Como si los que Ana y Juliette me dieron no fueran suficientes?

-Es una locura.

-Increíblemente loco –dijo Ana, recogiendo una de las cajas y sacudiéndola– ¿Sabes cómo cuánto cuesta esto? Debieron haberle dado toda la tienda. ¿Podemos abrirlo? Lo que sea que no quieras yo lo quiero, estoy reclamando en este momento.

La sangre desapareció de la cara de mi padre, pero antes de que pudiera decir nada, Jennifer aplaudió y añadió un aturdido:

-¡Oh, yo también! Espero que haya algunas cosas allí de mi talla.

Brian, que tenía una caja propia en sus manos y parecía que estaba considerando abrirla, se giró hacia Ana y Jennifer.

-Esperen ahora; nadie se emocione demasiado todavía.

Sí, pensé. Porque estoy devolviendo todo.

Brian y yo no estábamos exactamente pensando en la mismo. Le lanzó a Ana y a Jennifer una sonrisa malvada y un guiño y dijo:

-Primero yo eligire en nombre de Ella.

Juliette estalló en carcajadas.

Asfixiándome con la mortificación, mi mandíbula se abrió, y contemplé el brillo excitado en los ojos de mi novio mientras sacaba las llaves de su bolsillo y las utilizaba para romper la cinta en la caja que sostenía.

-¡Brian!– Siseé.

Él me ignoró.

-Ustedes damas pueden tener lo que les quede después de que yo lo revise.

-¡Dios mío, BRIAN! ¡No estás abriendo eso!

Finalmente miró en mi dirección, vistiendo una máscara de inocencia. No lo estaba comprando por nada.

De ninguna manera. Le apunté con un dedo.

-Esperen. Nadie estará pasando por eso, porque lo estoy devolviendo todo.

Me volví hacia el repartidor, que todavía estaba parado allí con mejillas rosadas.

-¿Hay alguna manera de que puedas recuperar todo esto? Dale a la tienda mis más cordiales saludos y diles gracias, ¿pero no, gracias?

-Yo… bueno, um… –El hombre se frotó la parte posterior de su cuello, aparentemente sorprendido y sin estar preparado para la pregunta.

Brian se acercó a él antes de que él pudiera responder.

-Eso no será necesario.

Le paso lo que parecía un maldito billete de cien dólares al hombre.

-Gracias por traer esto a relucir. Puedes irte ahora. Vamos a ordenar los detalles nosotros mismos. Que tengas una feliz navidad.

El hombre parpadeó al ver el dinero en efectivo en su mano, miró boquiabierto a Brian, me miró, miró a Brian y me miró nuevamente…

Brian estaba loco si creía que íbamos a mirar a través de este montículo de lencería juntos, pero tenía razón en que era Navidad y que este tipo debería estar en casa con su familia en lugar de lidiar con mi drama. Suspirando, obligué una sonrisa al hombre.

-El tiene razón. Nos encargaremos de esto. Gracias. Ve a casa con tu familia y disfruta de una Navidad maravillosa.

Él no perdió el tiempo.

-¡Igualmente! ¡Feliz Navidad!

Después de que el correo se había ido, todos agarraron una caja o dos y los llevaron a la sala de estar. Hicieron falta dos viajes para tenerlos a todos adentro. Me senté en el sofá y solo miré la pila de cajas, todavía aturdida por lo que acababa de pasar.

Brian se sentó a mi lado y tomó mi mano en la suya.

-Lo siento, debería haberte advertido. Este tipo de cosas es común para las celebridades.

Le di una mirada seca.

-¿La gente te manda lencería a menudo?

Sus labios se crisparon.

-Está bien, la lencería es nueva para mí, pero gratis, sí. La gente envía sus productos, con la esperanza de que los use o los respalde.

-¿Pero ropa interior? –Gruñó mi padre. Todavía estaba mirando todas las cajas.–  ¿Lencería? ¿Cómo podrían pensar que esto es apropiado?

Brian se encogió de hombros, como si recibir una habitación llena de lencería fuera lo más normal del mundo.

-Intencionalmente o no, Ella les dio a sus tiendas mucha publicidad gratuita. Van a ganar mucho dinero de esto. Por supuesto, querrían enviarle su gratitud. Eso es todo lo que es.

Papá gruñó. Continuó frunciendo el ceño, pero la rabia en su mirada murió.

-Es como cuando los editores y estudios envían sus libros y películas para su revisión –dijo Juliette.

-Exactamente –estuvo de acuerdo Brian– Las celebridades, obtenemos mucha ropa, accesorios, producto para el cuidado de la piel… cosas con las que te pueden ver.

-¡Dulce! –dijo Juliette. -Trae los regalos.

Ana abrió una caja y echó un vistazo dentro.

-Nice!!

Afortunadamente, no sacó lo que estaba escondido, pero dio un silbido bajo. Después de cerrar la tapa, ella me sonrió.

-La próxima vez que consigas ser acorralada por una cámara, deberías decir cuánto amas a Louis Vuitton.

Brian se rió entre dientes. Puse los ojos en blanco. Con suerte, no habrá otra próxima vez como la debacle de Erik Clarke.

-Abre la tarjeta –demandó Juliette.

Parecía tan curiosa que estaba a punto de arrancarme el sobre de las manos y hacerlo ella misma. Me había olvidado completamente de eso. Mirando alrededor de la habitación a todos los ojos curiosos, supuse que no tenía ninguna razón para no hacerlo. Tomé una respiración profunda y me preparé para cualquier explicación que contuviera.

Como si supiera que necesitaba el apoyo, Brian deslizó su brazo a mi alrededor. No necesariamente quería leer esto con toda la familia mirando, pero sabía que nunca me dejarían en paz si no lo hacía. Después de un escaneo rápido del contenido, mi mandíbula cayó nuevamente.

Es del dueño de la compañía.

-¿Qué dice? –Preguntó Jennifer, sonando tan excitadamente curiosa como Juliette. Leí la nota en voz alta.

Estimada señorita Rodríguez,

¡Saludos de temporada de todos nosotros en Lindon’s Lingerie Boutique! Me conmovió tu
entrevista con Erik Clarke que deseaba enviar mis cumplidos más sinceros y esta pequeña muestra de apreciación. Eres una mujer verdaderamente hermosa que solo mejoraría el atractivo sexual de cualquier cosa que Lindon tiene para ofrecer. Me sentiría orgulloso de que representases mis productos. Sería un honor para mi que te unas al equipo y modele mi próxima línea de primavera. Estoy preparado para ofrecerte un contrato generoso. Por favor consideralo.

Con sinceridad  y afectuosos saludos,
William C. Lindon
Fundador y CEO de Lindon’s Lingerie Boutique

Estaba agradecido por el brazo de Brian a mi alrededor, porque estaba tan aturdida que me sentía mareada. Su toque fue lo único que me mantuvo cuerda en este momento. Hubo un grito de asombro colectivo alrededor de la habitación, y mi pobre padre parecía tener un aneurisma.

Ana fue la primera en romper el silencio.

-¿Me estás tomando el pelo? ¿Quieren que seas el modelo de Lindon?

La incredulidad en su voz habría sido completamente insultante si no me sintiera de la misma manera.

-No. Absolutamente no –insistió papá.

No me molestó en absoluto que estuviera tratando de tomar decisiones por mí, ya que estuve de acuerdo con él al 100 por ciento. De ninguna manera lo iba a hacer.

-Espera, Rich –dijo Jennifer. Ella sonaba extasiada– No desestimes esto tan fácilmente.

Papá y yo miramos boquiabiertos a Jennifer. Ella se encogió de hombros y me miró con ojos implorantes.

-¿Sabes qué clase de oportunidad es esta para ti?

-No me importa qué tipo de oportunidad sea –rugió papá, con una rabia renovada y toda su rabia anterior– ¡Mi hija no desfilará en ropa interior frente al mundo entero!

-¡Richard, sé razonable!

Me sorprendió cuando Jennifer alzó su voz hacia él otra vez, por segunda vez hoy. Ella solía ser tan desconfiada todo el tiempo. Pero ella también era una modelo profesional, y podría imaginar que este trabajo tenía una gran importancia en sus ojos.

-Ser una modelo de Lindon es uno de los conciertos más codiciados que cualquiera podría conseguir. Solo podía soñar con tener una oportunidad como esa. Es un trabajo respetable que le abriría todo tipo de puertas, y pagaría lo suficiente para darle estabilidad financiera, a pesar de todas sus necesidades médicas.

Jennifer suspiró.

-El hecho de que sea una buena oportunidad para ellos no significa que no sea una buena causa. Si la lencería es incómoda para ti, hay muchas otras formas más modestas de lograr lo mismo. Trajes de baño, por ejemplo. Esos no son sugerentes de la misma manera que es la lencería.

No estaba segura de cómo el modelado de bikinis era mucho mejor que la ropa interior, pero no me molesté en discutir.

-Lo siento, simplemente no puedo. No quiero mostrarle al mundo mi cuerpo. Odio mi cuerpo. No hay forma de que yo pueda hacerlo.

La luz finalmente dejó los ojos de Jennifer, y ella asintió con la cabeza. Parecía decepcionada, pero parecía entender. Me sorprendió lo mucho que odiaba decepcionarla. Deseaba poder ser el héroe valiente que ella quería y hacer frente a un mundo de gente superficial y crítica, pero no había forma de que pudiera hacerlo. No era lo suficientemente valiente ni lo suficientemente fuerte.

-Es una declaración tonta para ti, de todos modos –dijo Brian de repente, apretando mi mano–  Tus miradas son demasiado perfectas.

Aunque no estaba tratando de hacer una broma, no pensé y solté una carcajada. Brian gruñó y casi escupió sus siguientes palabras como una advertencia.

-Ellamara, no estaba tratando de ser gracioso. Te estaba felicitando “.

-¿Lo siento?

Le di una sonrisa tímida, todavía me costaba contener mis risas, y él suspiró.

-Eres tan poco romántica.

-¿No soy romántica? –Bromeé.  ¿O simplemente no soy cursi?

Brian se burló.

-Yo no soy cursi.

Esa opinión valía un argumento decente, pero ahora no era el momento, y a pesar del cumplido cursi, Brian había logrado animarme, porque cursi o no, lo decía en serio. Sabiendo que había al menos una persona que me amaba exactamente como yo era, protegió mi alma dañada. Hacerme reír tampoco nunca me daño.

-Si tú lo dices.

Tocando su mejilla con un beso juguetón y riendo nerviosamente por el ceño irritado que obtuve en respuesta, volví mi atención a mi familia y la habitación llena de cajas de lencería.

-De todos modos… vamos a… averiguar qué hacer con todo esto y olvidar que esto sucedió. Tenemos que irnos a la película en un momento.

Brian me apretó fuerte.

-Solo déjalos de lado por ahora. Puedo hacer que Scotty me ayude a traerlos de vuelta a mi casa mañana. Tengo los armarios para él y para ella en mi suite principal, así que podemos poner todo en tu armario por ahora, y puedes revisarlo más tarde. O mejor aún… –Me sonrió lobunamente– Tu y yo podemos revisarlo todo junto, y puedes probar el tema de modelado con una audiencia de uno antes de decidir cómo responder a la oferta de Lindon.

No estaba segura de qué era más impactante, que Brian estaba pidiendo un show de lencería sexy frente a toda mi familia, que pensó que realmente podría considerar la oferta de Lindon, o que ya había considerado el armario extra en la habitación de su habitación.

-¡Brian! ¡Oh Dios mío! ¡No! No voy a modelar nada de esto para ti, y no hay nada que decidir. No tomaré ese trabajo.

Cuando Brian sonrió triunfalmente, supe que me la habia hecho. Y me había hecho bien. Creía totalmente que hablaba en serio esa vez. Maldije a Brian y a sus brillantes habilidades para actuar.

-¡Idiota! –Golpeé su brazo, y estalló en carcajadas– Eso no es divertido. Pensé que hablabas en serio.

-Y el Oscar va a … –Se rió.

-Y dices que soy una mocosa.

-Lo eres. Y estabas siendo una mocosa primero. Era mi turno.

El hombre tenía un punto. Y cuando me di cuenta de eso, una sonrisa crujió en mi ceño fruncido.

-Bueno. Ok. Yo lo fui. Pero ahora estamos parejos.

La cara de Brian se iluminó más brillante que el sol, y acercó mis labios a los suyos para un rápido beso.

-Te amo mujer.

Alguien en la sala -supuse que era Jennifer- suspiró, y me sonrojé desde la parte superior de la cabeza hasta la punta de los dedos cuando recordé que teníamos audiencia. Papá estaba mirando a Brian con ojos de halcón que prometían la muerte si Brian alguna vez se salía de la línea, pero al menos no estaba gritandole y pateándolo.

-Lo siento –murmuré, robando su atención– Así que um, sí, me voy a ir a duchar y vestirme. –Le fruncí el ceño a Brian– Compórtate. Lo que significa no abrir toda esta basura y enhebrarla por todos lados. Por favor.

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