HEA: Cinder & Ella, Kelly Oram. [Capítulo 8]

TyC-Lal

NOTA: Recientemente Cinder & Ella (Kelly Oram) se publico en español por OZ Editorial, por lo que estoy prácticamente segura que esta segunda parte no tardará en hacerse publica también, una vez que esto suceda borrare estas entradas, pero por mientras ¡a leer se ha dicho!
NOTA 2: Es una simple traducción hecha por mi… así que disculpen las faltas ortográficas y de redacción.

Happily Ever After: Cinder & Ella

Capítulo 8

E  L L A M A R A

Cuando Brian y yo finalmente salimos de mi habitación, todos estaban en la cocina. Jennifer estaba comenzando una taza de café, inquieta mientras miraba hacia atrás y adelante entre las tres chicas. Anastasia estaba sentada en la mesa del comedor, enviando mensajes de texto en su teléfono con el ceño fruncido en la cara. Papá estaba apoyado rígidamente contra el mostrador, con el brazo hundido en una caja de Lucky Charms. Supongo que había terminado de fingir que no la introdujo de contrabando en la casa. Aparentemente, necesitaba la comida reconfortante para calmarlo.
Juliette iba a necesitar algo más que cereal de malvavisco para sacarla de su furia.
Ella estaba caminando de un lado a otro, murmurando para sí misma en voz baja. Inmediatamente, ella se detuvo a medio paso, girando a papá.

-¿Por qué no estás haciendo llamadas ahora? –Exigió– Ese estúpido de entretenimiento ya debería estar en camino a la cárcel. ¡Nadie se mete con la familia Coleman y se sale con la suya!

Miré justo a tiempo para ver a papá encogerse. La expresión hizo que mi corazón se saltara un latido.

-¿Qué? –Preguntó Juliette. Sabía que también vendrían malas noticias.

Papá miró hacia atrás y hacia adelante entre nosotros y suspiró.

-Erik Clarke no hizo nada malo.

-¿QUÉ? –Rugió Juliette.

Mi corazón se hundió en mi estómago.

-Moralmente –dijo papá, hablando sobre los gritos de protesta de Juliette– lo que hizo fue despreciable. Legalmente… –Sus hombros cayeron– No ha hecho nada fuera de la ley.

Parpadeé con incredulidad. ¿Podría eso ser cierto?

-¡Nos filmó sin nuestro conocimiento! –Juliette despotricó.– ¿Cómo no es eso ilegal?

Papá le lanzó su mirada de calma o ahora te enviarán a tu habitación.

-Todo lo que ustedes niñas hicieron y dijeron ayer fue en público

-Pero no fue para que todo el público lo viera.

Papá negó con la cabeza.

-No importa. Público es público. Los primeros derechos de enmiendas de Clarke lo protegen en este asunto. Este es su negocio, señoritas. Estoy seguro de que él sabe exactamente cuáles son las leyes y tuvo mucho cuidado de no romperlas. No son sus primeras víctimas enojadas de ninguna manera. Hace mucho tiempo que descubrió el sistema. Hice una llamada. Clarke tiene su propio equipo de abogados, y mi amigo dice que son algunos de los mejores. Lo demandan a menudo, pero generalmente se instala fuera de la corte, y nunca lo han acusado de ningún delito.

Juliette se dejó caer en la mesa junto a Ana, con los brazos cruzados, la cara fruncida y con expresión petulante.

-Muchos quieren ver esa bonita cara tras las rejas –dijo Ana.

-Por suerte para él –murmuró Juliette– Él haría felices a muchos de los internos, seguro.

Esbocé una sonrisa ante eso.

-Definitivamente es una lástima que no podamos meterlo en la cárcel, entonces.

Anastasia se rió y Juliette resopló.

-Bien. Tendremos que conformarnos con demandarlo.

-Mis abogados ya están investigando eso –ofreció Brian– Los llamé de camino acá.

Estaba tratando de ser útil, pero los ojos de papá se estrecharon de nuevo. La ira se alzó en mí, papá realmente no tenía una razón para odiar tanto a Brian, pero logré sofocar esa ira. Las cosas ya eran lo suficientemente malas. No necesitaba otra pelea con mi papá.

-Lo siento por cambiar el tema, –dije– pero realmente necesito tomar algunos analgésicos y sentarme un rato.

Mi solicitud puso a todos en movimiento. Brian sacó una silla de la mesa de la cocina para mí, mientras Jennifer agarró una botella de Tylenol del armario.

-No esos –dije– Voy a necesitar más fuertes hoy.

Volvió a guardar el Tylenol y tomó una botella de analgésicos recetados que yo solía usar cuando realmente lo necesitaba. Después de la excursión al centro comercial de ayer, lo necesitaba. Papá me pasó un V-8 de la nevera y me trajo la medicina.

-¿Aún estás adolorida por el día de ayer?

-Sí. Voy a tener que tomarlo más fácil por unos días.

Papá frunció el ceño.

-¿Debería llamar a Daniel?

Daniel era mi hermoso y genial, pero despiadado, terapeuta físico. Me gustó el tipo, y tuve que admitir que había recorrido un largo camino desde que trabajé con él, pero aun así, no quería tener que verlo más de lo que era necesario

-De ninguna manera. ¿Sabes lo doloroso que sería si él me obligara a hacer mis ejercicios en este momento? Él me prometió unas vacaciones sin tortura. Estaré bien hasta la próxima semana.

Me tragué la pastilla que mi papá me dio y sonreí. Una vez que papá entró a la cocina para echar un manojo de azúcar en su café, Brian sacó la silla que estaba al lado de la mía y se sentó conmigo. Él arrojó un brazo casualmente alrededor del respaldo de mi silla, y el simple gesto me ayudó a relajarme.

-Entonces… –dijo– ¿los eventos de esta mañana te han convencido de reconsiderar mi oferta?

Juliette se desplomó frente a nosotros con una expresión curiosa.

-¿Qué oferta?

-Nada –le dije, mientras Brian respondía alto y claro.

-Le pedí a Ella que se mudara conmigo en lugar de con Vivian. Espero poder convencerla antes del día de la mudanza.

Juliette se atragantó con la sorpresa, y, como sabía que sucedería, mi padre escuchó esto y reaccionó de manera exagerada.

-¿QUÉ? –Rugió, golpeando su taza de café contra el mostrador con tanta fuerza que casi lo rompió.

Tal como estaban las cosas, derramó café por todo el mostrador y su camisa. Jennifer se vio obligada a limpiar el desastre mientras mi padre echaba humo. Había una razón por la que no había mencionado la oferta de Brian a nadie. Sabía que haría que mi papá enloqueciera. Brian también lo sabía. No podía creer que hubiera traído el tema enfrente de él. Después de mirar a Brian con una mirada molesta, me giré para enfrentar a mi padre. Traté de mirar y sonar completamente tranquila, esperando poder contagiarlo a él, lo cual resultaba dudoso, teniendo en cuenta el tono rojo oscuro de su rostro.

-Relájate, papá. No dije que sí.

-Sin embargo –intervino Brian tercamente.

Lo miré de nuevo. Sorprendentemente, él me devolvió la mirada molesta antes de fijar sus ojos en mi padre. Mi madre le devolvió la misma mirada molesta a él. Parecía listo para asesinar a Brian.

-¿Cómo te atreves a sugerirle algo así? Solo han sido pareja por una semana. ¡Ella apenas tiene diecinueve años!

Brian no se inmutó por el arrebato, salvo algunos movimientos de los ojos y rechinar los dientes que sugerían que quería dañar a mi padre. Sin embargo, se resistió al impulso y se sentó derecho en su silla para dar al temible fiscal una mirada confiada y desafiante.

-Sé que no entiendes mi relación con tu hija –dijo con calma– pero Ella y yo hemos sido mejores amigos durante años. La forma en que nos conocemos, nos amamos, no es nuevo, y no es casual. No iré a ningún lado, Richard, no importa cuánto me desapruebes, y si Ella quiere mudarse conmigo, esa es su elección, no la tuya. Ella es una adulta.

Estaba aturdida. Quizás aún más aturdida que mi padre. Brian lo había llamado por su nombre a propósito. Le había hablado de hombre a hombre. Él le haría saber que si bien yo podría ser alguien a quien papá podría empujar y tratar como un niño, Brian no iba a aceptar eso. Y él lo había logrado completamente, ese era el punto. El novio de Ana, Jason, se habría hecho pis si mi padre le hubiese arrojado ese tipo de hostilidad. Pero no Brian. Él podría tener solo veintidós años, pero había sido lanzado a un mundo de adultos a una edad temprana y obligado a crecer. Ahora era un hombre, por derecho propio: maduro, seguro de sí mismo, estaba acostumbrado a que las personas le respondieran, no al revés.

Papá no estaba feliz de que lo pusieran en su lugar.

-Engreído hijo de…

-Y, no es que sea de tu incumbencia –continuó Brian, hablando sobre mi padre y su futuro insulto– pero mi oferta a Ella fue más que solo por nuestra relación. Si ella se va a mudar, debe tener en cuenta su privacidad y su seguridad.

-¿Qué quieres decir? –Preguntó Jennifer antes de que papá pudiera gritar un poco más.

Brian apenas le lanzó una mirada antes de encontrarse con los ojos de mi padre otra vez.

-Me guste o no, Ella es una celebridad ahora. Vivian y sus padres son personas maravillosas, pero su departamento no está equipado para manejar la fama de Ella.

Mi padre tragó cualquier argumento que estaba a punto de vomitar y frunció el ceño. A su vez, le di a Brian una mirada desagradable. Quería matarlo por mencionar esto a mi familia después de que rechacé su oferta. Ignoró mi ira tan fácilmente como había ignorado el arrebato de mi padre.

-Hablo en serio sobre esto, Ella. Sé que crees que las cosas morirán, pero debes confiar en mí. He estado tratando con esto toda mi vida. Sé cómo es. Y con el truco que acaba de sacar Erik Clarke, solo va a empeorar
.
-Oh –dijo Jennifer, agarrando el brazo de papá con el ceño fruncido– Tiene razón, Rich. Nunca pensamos en eso.

Papá, todavía mirándome y apretando su mandíbula, asintió lentamente y giró su furiosa mirada de Brian hacia mí.

-Si su seguridad está en riesgo, no quiero que vaya a casa de Vivian.

Estupendo. Ahora iba a tratar de evitar que me mudara. Lo haría de todos modos, pero él estaría enojado conmigo por eso. Muchas gracias, Brian.

-Estás siendo paranoico, papá.

El argumento sonó débil, incluso para mis oídos. Estaba empezando a ver el punto de Brian. Erik Clarke me había sacudido. Estaba completamente ciega y nunca lo había sospechado. Si alguien estaba dispuesto a emboscarme con cámaras ocultas como esas, solo podía imaginar lo que harían los paparazzi cuando se dieran cuenta de que me había mudado al departamento de Vivian. No sé si mi seguridad estaría en peligro, pero definitivamente nunca tendría un momento de paz.

Suspiré, no estaba dispuesta a aceptar la derrota, pero tampoco estaba de humor para discutir más.

-Mira, ahora no es el momento de esta discusión. No he aceptado nada, y es Navidad. ¿Podemos dejarlo antes de entrar en una gran pelea y arruinar las vacaciones? Estamos muy nerviosos por lo de Erik Clarke. Esperemos hasta que podamos discutir esto racionalmente. Es hora del desayuno, de todos modos. Tal vez si comemos, todos estaremos menos malhumorados. ¿Qué tal si preparo un poco de quiche de espinacas?

Hubo un tenso momento de silencio antes de que todos cedieran y aceptaran el evidente cambio de tema. Jennifer fue la primera en mudarse.

-Ella, cariño, no te sientes bien esta mañana. Tómalo con calma, y ​​déjame manejar el desayuno. Puede que no sea capaz de recrear tu increíble quiche, pero puedo manejar tortillas de clara de huevo. –Miró a su alrededor en busca de aprobación, y cuando todos asintieron, se puso a trabajar. Papá todavía estaba mirándonos, así que Jennifer le empujó un delantal– ¿Te importaría ayudarme? Necesito algunas cebollas y algunos pimientos picados. Richard.

Papi contuvo el aliento, le lanzó a Brian una última mirada de muerte y se tiró el delantal por encima de la cabeza, murmurando por lo bajo. Miré a Brian y no reprimí mi irritación cuando espeté:

-¿Puedo hablar contigo en privado?

Brian volvió su implacable mirada hacia mí.

-Sí. Vamos.

Lo arrastré de vuelta a mi habitación y lo rodeé en cuanto se cerró la puerta.

-¿Me estás tomando el pelo? Tuviste que ir y traer eso delante de mi padre, cuando no solo yo, sino las gemelas, están en todos los medios en este momento?

Los ojos de Brian brillaron por un breve instante, haciéndome saber que estaba tan molesto como yo, incluso si lo ocultaba mejor.

-Es exactamente por eso que lo mencioné. Me impresionaste demasiado fácilmente. No te estás tomando esto en serio. Estoy preocupado por tu seguridad.

-Bien. Quizás todavía no entiendo bastante bien toda la fama. Pero aun así, no puedes simplemente decir algo tan grande como vivir juntos cuando estoy a punto de salir del auto, y luego soltárselo a mi familia antes de que tengamos la oportunidad de discutirlo realmente, solo porque estabas enojado porque no te saliste con la tuya.

Él rodó los ojos.

-No es por eso que lo mencioné.

-Chorradas.

Se giró y medio se apoyó, medio se sentó en mi escritorio, cruzando los brazos con fuerza sobre su pecho. Le di una mirada desafiante, y bufó, lanzando sus manos en el aire.

Bien. ¡Estaba loco! Demándame.

Me burlé.

-Imbécil.

-Ni siquiera lo pensaste, Ella. Te pedí que vivieras conmigo, algo que nunca antes había estado cerca de hacer con nadie, y me rechasazte sin parpadear. Peor. Hiciste ver la idea como si fuera un maldito avión de guerra que viene a lanzarte armas nucleares.

Me sentí como una mierda cuando me di cuenta de que estaba molesto porque se sentía rechazado.

-Brian…

Mis hombros cayeron, y mi enojo se desinfló. ¿Qué podría decir? No estaba lista para lo que él quería.

-No es como si tratara de aprovecharme de ti –murmuró, inmovilizándome con toda la fuerza de sus ojos expresivos dignos de un Oscar– ¿No confías en mí?

Tenía que apartar la vista de él. No podía soportar el dolor y la confusión en su mirada. Me senté en el borde de mi cama y me rodeé con mis brazos, sintiéndome extrañamente vulnerable. Cuando tuve un buen control del torbellino de emociones arremolinándose en mi interior, miré hacia arriba.

-Por supuesto que confío en ti. No es que creo que me presiones por nada; Es solo que eres tan intenso. Todo sobre ti es intenso. Esta relación y la fama es francamente una locura. Es abrumador Intenta agregar a eso el vivir juntos –Solté un suspiro, acosada por la mera idea de ello– Es demasiado todo a la vez.

Brian se apartó de mi escritorio y se pasó las manos por el pelo.

-Lo siento –dijo, sacudiendo su cabeza en señal de frustración– Fui criado con esto. Mi padre era muy conocido en la industria mucho antes de que yo naciera. He sido famoso toda mi vida, incluso antes de empezar a actuar. No puedo imaginarme lo difícil que es que te vean envuelto en todo esto.

-No. No puedes. Ni siquiera puedo entenderlo. Es por eso que necesito un poco de tiempo y espacio. Solo un respiro donde pueda escapar, si es necesario. Solo hasta que me acostumbre. Eso es todo lo que estoy pidiendo.

Con otra respiración larga, Brian se sentó a mi lado en la cama.

-Lamento que esto te abrume, pero Ella, mi vida es intensa. No hay escapatoria. Haré todo lo posible para protegerte cuando pueda, pero habrá cosas sobre esta relación que te forzarán a salir de tu zona de confort. No puedo ayudar en eso.

-Si pero…

-Sé lo que estás esperando, pero mudarte con Vivian no sería un escape. La locura te seguiría hasta allí, y sería peor porque no estarías preparada para eso. Además, tú también extenderías esa locura hasta Vivian y a sus padres. Los atraerías a esta mierda, lo querías o no.

Cerré los ojos y contuve el aliento. Eso era algo en lo que no había pensado. Si los paparazzi comenzaran a acosarme con Vivian como lo hicieron aquí, entonces sin duda acosarían a Vivian y sus padres también. Ellos no necesitaban eso.

-¿Por qué crees que nunca te dije quién era? –Preguntó Brian en voz baja– Sabía que esto sucedería, y no quería esta vida para ti. Pero soy egoísta, y ahora estás atrapada con esto. No tienes por que hacerle eso a Vivian. Mudarte conmigo puede no ser algo para lo que estés completamente preparada, pero puede que solo tengas que aprender a nadar directamente desde el extremo profundo. Quiero que vivas conmigo, pero necesito que estés a salvo, y si eso significa pedirte que hagas algo con lo que no te sientes cómoda, entonces que así sea. Se necesitarán sacrificios si vamos a trabajar en esto.

Quería estar enojada, pero estaba siendo tan razonable. Era muy molesto porque no podía discutir con él cuando estaba pensando inteligentemente, siendo racional y, lo más importante, siendo sincero conmigo. Podría tratar de protegerme de su mundo, pero nunca endulzó las cosas. Me alegré de que pareciera ser de la opinión de que la ignorancia no es protección. Las cosas no siempre iban a ser bonitas o fáciles para nosotros. Brian lo sabía. No le gustó, pero él siempre me advirtió antes de tiempo. Estaba agradecida por ello. Leí un millón de libros donde el héroe guardaban a la heroína en la oscuridad en un intento de protegerla de las cosas malas. Esos héroes eran todos unos idiotas. Sus mentiras siempre terminaban lastimando a la heroína.

Brian no intentó ocultar las cosas malas. Él quería que estuviera preparada para poder enfrentarlos juntos. Él confiaba en que yo podría manejarlo. Solo por eso, le debía la cortesía de hacer todo lo posible para cumplir esa confianza. Por él, encontraría una manera de manejar las cosas que nos atacaron.

-Está bien –dije, dejando escapar otra vez el aliento– Todavía no tenemos una solución para esto, pero reconozco que es importante, y en el futuro, tomaré tus sugerencias mucho más en serio. Lo prometo, no más saltarme todo lo que dices solo porque me hace sentir incómoda.

Brian frunció el ceño.

-No es una promesa mudarte conmigo.

-No, no lo es –estuve de acuerdo con una sonrisa irónica– Pero es un compromiso de ‘estoy dispuesta a sentarme y discutir para intentar encontrar un acuerdo razonable’.

Brian no respondió de inmediato. Me estudió con una mirada penetrante y decidí que estaba tratando de descubrir por qué dudaba tanto en vivir con él. Pensé que necesitaba algo de seguridad, incluso si él nunca admitiría que se sentía inseguro, así que me levanté, tirando de él conmigo, y deslice mis brazos alrededor de su cintura.

-Te amo, Brian Oliver.

Como si mis palabras fueran llaves mágicas que desbloquearan la tensión en su cuerpo, tomó aliento y envolvió sus brazos alrededor de mí, uniendo su cuerpo al mío.

-Yo también te amo, Ellamara Rodríguez.

-Bien –dije, acurrucándome en su abrazo tanto como me fue posible– Entonces, ¿podrías hacerme un favor y no tratar de usar a mi familia en el futuro contra mí para hacer las cosas como quieres?

Brian suspiró, pero también se rió entre dientes.

-No estaba contento de que no me saliera con la mía. Definitivamente no estoy acostumbrado a que me digan que no, pero te juro que no quise hacer eso.

-Mentiroso.

Bien. No solo quise hacer eso. Fue para el beneficio de tu padre tanto como para ti.

-Lindo.

Él gimió y me abrazó más fuerte.

-Lo siento. Tu papá me encontro.

-Lo sé. –Suspiré en completo entendimiento y coloqué un pequeño beso en su cuello– Lamento que haya sido un idiota contigo. Creo que él también está abrumado y nervioso por lo que esto podría hacerle a nuestra familia, pero esa no es una excusa para tratarlo tan horriblemente. Él no merece tu paciencia, pero ¿intentarías jugar bien tanto como sea posible? Él es frustrante, pero es el único padre que me queda. ¿Por favor? ¿Por mi?

Brian se retiró y levantó mi barbilla para que pudiera ver mi cara. Logré mi mejor cara de puchero, y se quebró instantáneamente.

-Mujer malvada –dijo mientras bajaba su boca a la mía– Tienes prohibido darme esa mirada nuevamente. –Movió sus labios hacia mi cuello– No es justo.

-Usas constantemente la voz de tu audiolibro.  –Me besó debajo de la oreja y me estremecí– Habla de ser injusto.

La risa peligrosa y baja que se le escapó incendió mis entrañas.

-Oh no. No estamos haciendo esto ahora mismo –dije, aunque no intenté escapar de su atención– No mientras toda mi familia esté afuera y sepa que estamos aquí peleando.

-Estábamos peleando –murmuró Brian, mientras continuaba su lluvia de besos en mi cuello– Ahora nos estamos inventando.

Su boca finalmente se conectó con la mía en un tierno beso que me dejó incapaz de hacer nada excepto derretirme en sus brazos.

-Lo siento, Ella  –susurró entre besos

-Yo también –jadeé.

A decir verdad, no podía recordar por qué estábamos peleando.
Le dimos uno o dos minutos más, pero luego nos obligamos a unirnos a mi familia. Papá y Jennifer todavía estaban cocinando, y tanto Juliette como Anastasia estaban en la mesa, con tortillas frente de ellas. Ambas chicas sonrieron en cuanto nos vieron.

-¿Todo terminó con la disputa de amantes? –Bromeó Ana.

No pensé que estaba especialmente enrojecida ni nada por el estilo, pero Juliette escaneó mi rostro y resopló.

-Parece que funcionó bien.

Me estaba muriendo, pero Brian parecía disfrutar de la atención, y al ser el actor estúpido que era, vivía por su público. Caminó entre las dos, apoyando un brazo en el respaldo de cada una de sus sillas, y agachó la cabeza cerca de la de ellos.

-Hicimos las cosas bien, de acuerdo –murmuró, lo suficientemente bajo como para que mi padre y Jennifer no pudieran escucharlo– ¿Te acuerdas de la escena de maquillaje en mi película Senior Trip? Fue así, pero más caliente. Con un guiño lento y provocativo, agregó– Está bien estar celoso.

Ana casi saco su zumo por su nariz mientras Juliette se atragantaba con su tortilla y comenzaba a preparar una tormenta. Sus reacciones fueron justificadas. Cómo esa película obtuvo una calificación de PG-13 con esa escena fue más allá de mí.

-Oh Dios mío. ¡Brian! –Siseé, colocando una mano sobre mi cara– ¡Cállate! ¡No lo hicimos!

Los tres se rieron de mi mortificación.

-Sí, lo deseas –le dijo Ana a Brian– Estás saliendo con Ella. Estoy seguro de que estan más cerca de algo de tu película. V es para Virgin.

Brian frunció el ceño, pero las comisuras de sus labios se crisparon.

-Auuchh –admitió con un gesto de asentimiento– Bien jugado.

Juliette, finalmente terminó ahogandose en su desayuno por un ataque de risitas y le tendió una mano a Ana para chocar los cinco.

-Muy bien, hermana.

-Todos ustedes son unos idiotas.

Puse los ojos en blanco y me dirigí a la cocina, necesitaba un poco de jugo y un escape de esos tres. Brian me abrazó por detrás justo cuando llegué al mostrador de la cocina y coloqué un pequeño y suave beso a un lado de mi cuello. En cuanto a las disculpas, fue bastante agradable. Suprimí una estremecimiento y se recline contra su pecho.

-Huele bien –dije.

Jennifer y mi papá levantaron la vista de sus tareas en la cocina, y papá dijo:

-Bueno, ustedes niños se sientan si tienen hambre. ¿Cómo te gustan tus tortillas, Brian?

Brian y yo estábamos sorprendidos por la invitación. O bien mi padre había sido conferenciado por Jennifer mientras estábamos fuera -Jennifer, como la mayoría de las mujeres, tenía una gran debilidad por Brian- o papá realmente se sintió mal por perder los estribos con mi novio. Probablemente fue lo primero, pero de cualquier forma, lo tomaría.

Brian me miró y luego negó con la cabeza.

-Está bien. No quise inmiscuirme en tu tiempo con la familia. Solo vine para asegurarme de que las chicas estuvieran bien después de ver ese video.

A juzgar por la sonrisa de Jennifer y el suave gruñido de papá, Brian se ganó algunos puntos brownie al incluir a las gemelas en su preocupación. No estoy seguro de que fuera genuino en el caso de Ana -él no era su mayor fan-, pero estaba segura de que se sentía mal por Jules, y eso fue suficiente para que la preocupación fuera sincera.

-Bueno, estás aquí –dijo papá bruscamente– También puedes comer.

Brian se miró a sí mismo y luego negó con la cabeza otra vez.

-Gracias, pero supongo que si el fuego se apago, debería correr a casa y ducharme y ponerme ropa real o algo así.

Me di cuenta por primera vez de que él estaba en pijama y zapatillas y tenía cabello de cama, con un césped justo como cuando me negué a contestar mi teléfono esta mañana.

-¿Qué? -Pregunto, notando la sonrisa en mi rostro.

-Nada. Solo … gracias por venir esta mañana.

Emparejando mi sonrisa y beso mi mejilla.

-Gracias por no levantar tu teléfono, así que tuve una excusa para venir.

-Blaagg –dijo Juliette, mientras pasaba junto a nosotros para poner su plato vacío en el fregadero– Voy a salir de aquí y tomar una ducha antes de que los tortolitos me hagan vomitar.

Riendo, acaricié el lado del cabello de Brian que estaba sobresaliendo.

-Vamos, te acompaño.

Cuando alcanzamos el automóvil de Brian, él deslizó sus brazos alrededor de mi cintura y me jaló contra él.

-Podrías venir conmigo –murmuró, bajando la cabeza hacia mi oreja– Mi ducha es lo suficientemente grande para dos.

Él estaba bromeando y no. Sabía que diría que no, pero al mismo tiempo, la oferta era real. Con su boca tan cerca de mi piel así, su invitación fue mucho más tentadora de lo que él pensaba. Reprimiendo un escalofrío, lo golpeé en el pecho. Desafortunadamente, mi mano se agarró a su camisa cuando lo golpeé, lo que no ayudó mucho a convencerlo de que no estaba interesada.

-Esto no esta pasando.

Su boca se movió por mi cuello, levantando mi piel de gallina.

-Olvídate de la ducha, entonces. ¿Que tal un agradable y largo viaje en coche por la costa? Tal vez podamos encontrar un lugar deshabitado para relajarse y… hablar.

Me reí, pero rápidamente mi risa se transformó en un gemido.

-No tienes idea de lo bien que suena. Vete a casa ahora, antes de que me convenzas y me deshaga de mi familia todo el día, haciendo que mi padre desapruebe aún más nuestra relación.

El humor de Brian cambió como si alguien hubiera apretado un interruptor.

-¿A quién le importa lo que piense sobre eso? Tan pronto como te mudes, no será asunto de él de todos modos.

Su ceño fruncido se convirtió en una mirada oscura, así que envolví mis brazos alrededor de su cuello y forcé sus labios hacia los míos. El beso puso una sonrisa en su rostro.

Solo apúrate –le dije. Riendo, Brian encontró mis labios otra vez.

-¿Estás seguro de que debería? Con todo el drama de Erik Clarke, no sé si podría evitar pelear con tu padre si pasara todo el día aquí.

-No me importa. Con todo el drama de Erik Clarke, tú eres el único con quien quiero pasar el día. No él. Tú eres quien me hace sentir mejor. Por favor vuelve pronto.

Usé esa cara que él me advirtió que no volviera a usar, y suspiró.

Como deseé.

Sí, él citaba por completo a La princesa prometida.

Mientras abría la puerta del auto y se ponía detrás del volante, me sonrió y dijo:

-Ni siquiera tendrás tiempo de echarme de menos.

Intenté callarme. Traté de tragarme las palabras que querían salir de mi boca. Realmente, realmente lo intenté. Pero no pude hacerlo. Después de que cerró su puerta, le hice un gesto para que bajara la ventana y luego dije

-Ya te extraño.

Su pecho se sacudió de risa cuando encendió el auto.

-¿Quién es el idiota? –Gritó por encima del rugido del motor– Te amo, mujer. Volveré pronto.

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